S.E.R. Francis Kalist

El Señor comenzó su obra en mí desde mi niñez, con mi bautismo. La vida de fe de mis padres fue un gran apoyo para mí desde la infancia, ayudándome a crecer en la vida espiritual. Sin embargo, el verdadero proceso de renovación comenzó en 1980, cuando, mientras estudiaba Teología en la Universidad de San Alberto, asistí al primer retiro carismático en el Seminario.

Después de mi ordenación sacerdotal fui nombrado párroco de la parroquia de San Pablo en Christnagar (Ghaziabad), en las afueras de Nueva Delhi. Entré en contacto con el Equipo de Servicio de Delhi, y me invitaron regularmente a predicar en los encuentros carismáticos de Delhi, por lo que tomé consciencia de los dones carismáticos. Durante esos años asistí a los programas de verano de los Servicios de la Renovación Carismática Nacional en Ernakulam, Kerala.

En 1995, en uno de esos programas tuve la primera experiencia tangible del bautismo del Espíritu Santo. A pesar de que asistía regularmente, pasaba la mayor parte del tiempo como un mero espectador o tratando de conseguir algunas ideas nuevas y aspectos de las diversas charlas para mi propia predicación. Una vez durante la alabanza presencié cómo un hombre, a mi lado, estaba completamente sumergido en la oración y su rostro brillaba. Yo no oraba,  solo miraba al de al lado. Me maravilló y pensé: «Yo soy sacerdote y él es laico. Pero, ¡cuán ungido está él, cómo se entrega a la oración y qué lleno está del Espíritu!». No lo molesté durante la oración, pero cuando terminó el encuentro me dirigí a él y le pregunté cómo era capaz de entrar en ese espíritu de oración. Su respuesta fue muy conmovedora, me cambió de ser un simple espectador a buscar activa y sinceramente el Espíritu Santo. El hombre llevaba una mala vida y tuvo dos hijos. Luego algunos amigos lo ayudaron y lo llevaron a la fuerza a un retiro de una semana, donde recibió la gracia de la conversión. Después de su conversión, cuando ya llevaba una vida renovada, tuvo tres hijos más. Me dijo: «Padre, si conociera a mis cinco hijos, se daría cuenta de que los dos mayores son muy cerrados, reservados, de mirada tímida y triste, mientras que los tres que tuve después de mi conversión son tan alegres, graciosos y llenos de vida. Ahora estoy llevando una vida de oración y penitencia para que mis dos hijos mayores ya no sufran los efectos de mi pecado en sus vidas».

Esta experiencia me tocó mucho y empecé a orar fervorosamente para convertirme en una persona que se deja llenar y guiar por el Espíritu. Esa noche, durante la oración el Espíritu me llenó y me ungió. Ahora me empeño a crecer en la Renovación. Sirvo a la Renovación en calidad de asesor episcopal de los comités nacionales de la India.

Entre los libros que he leído durante los últimos doce meses están: The Holy Spirit and Charismatic Renewal de R. H. Lesser; Charisms and Charismatic Renewal de Francis A. Sullivan S. J.; Los milagros sí existen de Sor Briege Mckenna, O. S. C. con Henry Libersat, y La misericordia del cardenal Walter Kasper.

Veo la Renovación en el futuro, como dice el papa Francisco, como una «corriente de gracia», la única que puede hacer de la Iglesia una comunidad viva; la que le dará buenos pastores; la única fuente de unidad dentro de la Iglesia y entre las diversas denominaciones; la única que puede animar e inspirar a cada asociación y movimiento eclesial.



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