El sínodo: Un nuevo Pentecostés para una nueva evangelización

8 de noviembre de 2012

El sí­nodo de los obispos sobre la «nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana fue una oportunidad para que la Iglesia reflexionase sobre su misión más esencial en el hoy por hoy.

Los padres sinodales, acompañados por auditores, expertos e invitados especiales, pusieron de manifiesto la necesidad de un nuevo y auténtico Pentecostés que da un renovado impulso a la obra evangelizadora, vital para el anuncio profético y para hacer posible un encuentro vivencial «con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Deus caritas est, 1).

Una atención especial merece la petición al santo padre de consagrar el mundo al Espí­ritu Santo. Una propuesta de tal envergadura pone de relieve la urgencia de difundir la cultura de Pentecostés, dando la primacía y el protagonismo a la Tercera Persona de la Santí­sima Trinidad en el gran mandamiento de Jesús: «Vayan, pues, y hagan discí­pulos a todas las gentes» (Mt 28,19). ICCRS se sirve de la presente noticia para compartir algunas intervenciones en las que se habla de manera explícita sobre el tema:

S. E. R. Mons. Everardus Johannes de JONG, Obispo titular de Cariana, Obispo auxiliar y Vicario General de Roermond (PA͍SES BAJOS)

Nuestro problema no lo constituye tanto un adversario visible como los invisibles espí­ritus del mal (Ef 6,12). Fue en Pentecostés cuando empezó la primera evangelización y ahora necesitamos un nuevo Pentecostés. Por tanto tenemos que rezar con fervor y constancia al Espí­ritu Santo, como indica Evangelii nuntiandi, n. 75. Este debe ser el primer elemento de una estrategia de nueva evangelización a nivel mundial. Esta oración al Espí­ritu Santo ha sido impulsada por grandes misioneros como San Arnold Janssen (1837-1909) y ha sido la base del Movimiento Carismático Católico en 1967. ¡Jesús mismo ha prometido el Espí­ritu Santo a quien lo pida (Lc 11,13)! Tal vez el Santo Padre introduzca algunas oraciones benedictinas al final de la Misa (cfr. Las oraciones leoninas de León XIII) o una novena perpetua para pedirle que se efunda. Debemos promover al arte del discernimiento de los espí­ritus. En estos tiempos de relativismo, en los que la verdad objetiva no se acepta fácilmente, podemos ayudar a las personas a comparar sus experiencias subjetivas para guiarlas hacia la verdad objetiva. No debemos presentar sólo el Evangelio y el catequismo, sino que también debemos promover los ejercicios espirituales, en los que ponemos a las personas frente al Jesús de los Evangelios y la Iglesia y las ayudamos a comparar la influencia del Espí­ritu Santo en sus vidas con los resultados de un estilo de vida más hedonista (cfr. Gal 5,29-32). De esta forma serían guiadas hacia el conocimiento y el discernimiento de la verdad objetiva de su naturaleza humana, de sus deseos más profundos y de Dios en sus conciencias. Descubrirían así­ a san Pedro, sus sucesores y la Iglesia. (Cfr. Beato John Henry Newman, 1801-1890). Esto significa que debemos dar a los sacerdotes y religiosos una formación espiritual mejor, a fin de que sean guí­as espirituales, unos auténticos padres y madres espirituales. Debemos promover la oración a los ¡angeles y los arcángeles en la nueva evangelización. Muchos pontífices y santos han practicado esta devoción y la han impulsado. Las familias son esenciales para la transmisión del Evangelio. En el presente contexto, nuestra sociedad ya no conoce el pecado. Sin embargo, el pecado influye en la apertura al mensaje evangélico. La pornografía, la sexualidad fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer, la contracepción y el aborto cierran los corazones. De hecho, ¿Quién puede decir que sí­ a Dios, que da la vida en abundancia, si de manera consciente o inconsciente dice que no a la vida humana? Eso significa que la Iglesia debe promover con valentía el Evangelio de la vida, incluida la teologí­a del cuerpo, la planificación familiar natural y, al mismo tiempo, anunciar a Dios misericordioso.


S. E. R. Mons. Gustavo GARC͍A-SILLER, M.Sp.S., Arzobispo de San Antonio (ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA)

Vivimos en un mundo muy prometedor, pero a la vez muy necesitado, a veces marcado por la oscuridad. Como Iglesia que trata de responder a la situación de nuestro mundo y de evangelizar de modo nuevo, debemos también darnos cuenta de que estamos en una Iglesia con dificultades. La realidad de este mundo exige una nueva efusión del Espíritu Santo. Nuestros Papas nos han exhortado a recordar que "evangelización nunca será posible sin la acción del Espíritu Santo" (Evangelii Nuntiandi, 75). A fin de que la salvación de Jesucristo llegue a todo el mundo y lo transforme, de que la Iglesia se renueve y en ella florezca la santidad, de que los cristianos avancen con la nueva evangelización, necesitamos un nuevo Pentecostés. Para que este Año de la Fe dió como fruto el nuevo Pentecostés que necesitamos, os propongo, hermanos Obispos, que este Sínodo pida humildemente al Santo Padre que consagre el mundo al Espíritu Santo.


RELACIÓN DE LOS GRUPOA MENORES ANGLICUS B: S. E. R. Mons. Bernard LONGLEY, Arzobispo de Birmingham (GRAN BRETAÑA)

La nueva evangelización no es ni una estrategia ni un programa, sino una invitación a un encuentro y a una relación para toda la vida con Jesucristo y su Iglesia. Implica enamorarse con la persona de Jesucristo y su esposa, la Iglesia Católica. Este encuentro con Cristo tiene lugar en y a través de la Iglesia para no promover una falsa dicotomí­a entre espiritualidad y religión. Los encuentros con Cristo en la Iglesia ayudan a los fieles a entender la necesidad de la salvación y el perdón de los pecados. Siguiendo el encuentro inicial con Cristo, los fieles desean pasar su tiempo con el amado en oración, en el sacramento y contemplando el rostro de Dios (Novo Millenio Ineunte). Por lo tanto, los Padres Sinodales podrí­an proponer un acompañamiento para toda la vida de cada católico en su viaje hacia la fe, modelado según el viaje de Cristo con los dos discípulos en el Camino a Emaús. Los fieles necesitan el trabajo continuo de una catequesis sistemática, exhaustiva y permanente. La evangelización y la catequesis deben ayudar a los fieles a conocer, comprender, vivir y compartir la fe. Una catequesis para los jóvenes y los adultos, adecuada para cada edad, presentada de un modo interesante y apologítico y que responda a las preguntas sinceras de cuantos participan en su formación, mejorará la Nueva Evangelización. Esta presentación básica de los fundamentos de nuestra fe, tal como se encuentran en el Catecismo de la Iglesia Católica, de una manera atractiva e interesante, por ejemplo durante la Jornada Mundial de la Juventud, ayudarí­a a reavivar la confianza en la fe y una mayor capacidad para compartirla con otros. Patrocinar algunas iniciativas ayudaría a la Nueva Evangelización y a la catequesis: Lectio Divina; enseñanza de la oración; facilitar el acceso a las Sagradas Escrituras y al Sacramento de la Penitencia (tal vez impartiendo el Sacramento en nuevos periodos del año y con una base consistente durante la Cuaresma y el Adviento); peregrinaciones; compartir las historias de los santos y los mártires, dar a conocer el excelente trabajo y ministerio realizados por las instituciones y apostolados católicos. Dialogamos sobre la presentación de los Sacramentos desde una nueva perspectiva para que llegue a la sociedad contemporánea. La preparación individual a los sacramentos debe modelar el catecumenado y permitir encuentros personales con Cristo y el anuncio del kerigma. Las pequeñas comunidades cristianas pueden ayudar a que las personas se conozcan entre ellas, facilitando la oración y la reflexión sobre las Escrituras. Animamos a los Padres Sinodales a rezar por un nuevo Pentecostés para toda la Iglesia, y a comprender mejor los modos mediante los cuales el Espíritu Santo está trabajando en la Iglesia y en la vida de los católicos y demás cristianos. Insistimos sobre la importancia de una Liturgia bien celebrada y en homilías que inspiren y compartan la fe de una manera convincente. Para ello será necesario que el clero está formado en liturgia, homilática y la Nueva Evangelización, pues son formadores de los nuevos evangelizadores. Para ser predicadores eficaces, los laicos necesitan una mejor preparación para la evangelización. Esto debe incluir la doctrina, que ayudará a los predicadores a compartir la fe, tal vez mediante una utilización más extendida de imágenes adecuadas para las personas a las que sirven, algunas de las cuales podrán ser iletrados, y la humildad, para adquirir la capacidad de articular su propia historia de fe y testimonio de Cristo. Nuestro grupo deseara animar a los obispos, sacerdotes y diáconos permanentes a conocer la vida de las personas a las que sirven de una manera más personal. El obispo es un predicador que guí­a con su ejemplo y comparte con todos los bautizados las bendiciones de lo que llamamos evangelización. Su ministerio tiene que tener las caracterí­sticas del pastor (ad intra) y del pescador (ad extra). Es necesaria la formación continua del clero sobre la Nueva Evangelización y los métodos para evangelizar en la diócesis y en la parroquia. La familia es el centro privilegiado para la nueva evangelización. Las familias católicas tienen una gran necesidad de apoyo y asistencia directa por parte de la Iglesia y la parroquia para convertirse en testigos de la fe. La inculturación continua del Evangelio podría unir la vida de Cristo con la vida y la cultura de todos los pueblos. La inculturación del Evangelio implica ser, cada vez más, una Iglesia acogedora de los inmigrantes y los necesitados. También hemos considerado la contribución de los religiosos y los testigos de vida consagrada; la institución de los catequistas como un ministerio estable dentro de la Iglesia; la necesidad de una catequesis posterior a los sacramentos, sobre todo después de la Confirmación; la sabiduría de consultar nuestro Derecho Canónico cuando se formulen políticas diocesanas; las necesidades particulares de la comunidad sorda y la gestión de los recursos naturales en periodos de conflicto o guerra.


S. E. R. Mons. Christopher Charles PROWSE, Obispo de Sale (AUSTRALIA)

Tanto los Lineamenta (nº 19) como el Instrumentum Laboris (nº 139, 140) hacen una distinción entre el primer anuncio del Evangelio y la catequesis. La proclamación kerigmática exige la conversión a Nuestro Señor Jesucristo resucitado, mediante el Bautismo. La catequesis, de un modo distinto aunque no separadamente, promueve la educación a la vida cristiana y su crecimiento. Ambos constituyen dos aspectos de una Única acción pastoral. Está claro que, gracias al documento que representa nuestra carta magna, el Catecismo de la Iglesia Católica, a lo largo de los últimos 20 años, ha hecho mucho para expresar las enseñanzas de la Iglesia Católica en forma de compendio. Esto ha sido una gracia especial del Espí­ritu Santo, que sigue inspirando la catequesis en toda la Iglesia. ¿Acaso ha llegado el momento de intentar hacer una recopilación semejante del primer anuncio de la Iglesia Católica? A lo largo de los siglos ¿cómo se ha ido expresando la proclamación inicial del Evangelio? ¿Con qué ejemplos de efusión del Espí­ritu Santo contamos en nuestra historia Católica? Cuáles han sido los grandes enfoques del anuncio inicial con los que se han expresado los santos y los misioneros? En nuestro tiempo, ¿cuáles son los ejemplos de la nueva evangelización? En este último punto, el Instrumentum Laboris (nº 141-146), por ejemplo, menciona las Jornadas Mundiales de la Juventud, los viajes apostólicos del Santo Padre, las misiones populares locales y nacionales y los encuentros religiosos, la predicación, el Sacramento de la Reconciliación, etc. Asimismo, son otro gran don del Espí­ritu Santo los nuevos Movimientos eclesiales, que contribuyen a desarrollar la "Cultura de Pentecostés". La proclamación inicial del Evangelio y la catequesis deben cantar al mundo juntas, en perfecta armoní­a, un dúo que responda de nuevo al mandato de Nuestro Señor Jesucristo: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación" (Mc 16, 15).


Visite el sitio web del Vaticano para leer todas las intervenciones.



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