Ecos del sínodo sobre la nueva evangelización

26 de octubre de 2012

Siguiendo el trabajo en el aula sinodal, nosotros como ICCRS deseamos compartir las intervenciones de los auditores carismáticos durante tan especial encuentro. Publicamos, de igual forma, la intervención de su eminencia el Card. Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, por medio de la cual resalta de manera hermosa la labor que los movimientos y las nuevas comunidades están realizando por la gracia del Espí­ritu Santo. Cada una de las intervenciones han sido un grito profético de lo que el Espí­ritu está diciendo a la Iglesia para el contexto actual: la necesidad de un nuevo Pentecostés que impulse la nueva evangelización. A continuación el texto de las intervenciones:


S. Em. R. Card. Stanislaw Rylko, presidente del Pontificio Consejo para los Laicos (Ciudad del Vaticano)

En el N.º 115 del Instrumentum Laboris leemos que «el florecimiento en estas décadas, en modo frecuentemente gratuito y carismático, de grupos y movimientos dedicados prioritariamente al anuncio del Evangelio es otro don de la Providencia en la Iglesia».
El magisterio de los últimos pontífices ha corroborado en muchas circunstancias esta naturaleza providencial de la «nueva época asociativa de los fieles laicos»1, destacando así la estrecha relación con el «renovado Pentecostés»2. En modo particular, el beato Juan Pablo II no cesó de remarcar el dinamismo misionero de los movimientos y las nuevas comunidades que «representan un verdadero don de Dios para la nueva evangelización y para la actividad misionera propiamente dicha. Por tanto, recomiendo difundirlos y valerse de ellos para dar nuevo vigor, sobre todo entre los jóvenes, a la vida cristiana y a la evangelización, con una visión pluralista de los modos de asociarse y de expresarse»3. El papa Benedicto XVI, por su parte, en un discurso dirigido a obispos, corroboró que «un medio providencial para un renovado impulso misionero son los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades: acogedlos y promovedlos en vuestras diócesis»4. En otra ocasión animó a los obispos a que los acogieran «con mucho amor»5. En efecto, los itinerarios pedagógicos nacidos de los carismas de los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades, han producido en muchos fieles laicos – hombres y mujeres, adultos y jóvenes – un extraordinario impulso misionero, la valentía y la alegría de anunciar a Cristo así como una sorprendente fantasía misionera.
Lamentablemente, los movimientos y las nuevas comunidades siguen siendo un recurso que todavía no es valorizado del todo en la Iglesia, un don del Espíritu y un tesoro de gracias que sigue oculto a los ojos de muchos pastores, los cuales quizá se sienten intimidados por la novedad que aportan a la vida de las diócesis y las parroquias. El Santo Padre es muy consciente de esta dificultad, por lo que exhorta a los pastores a «no extinguir los carismas» y a «estar agradecidos, aunque a veces sean incómodos»6. Por ello, es necesaria una verdadera “conversión pastoral” de los obispos y sacerdotes, llamados a reconocer que los movimientos son, sobre todo, un precioso don y no un problema.
El impulso misionero de las nuevas realidades no deriva de un entusiasmo emotivo y superficial, sino que brota de experiencias muy serias y exigentes de la formación de los fieles laicos hacia una fe adulta, capaz de responder en modo adecuado a los desafíos de la secularización7. Por lo tanto, no hay que buscar la novedad de su acción en sus métodos sino en la capacidad de reafirmar la centralidad de Dios en la vida de los cristianos, cuestión fundamental en las enseñanzas del Santo Padre Benedicto XVI. Para la tarea de la nueva evangelización vale también el antiguo refrán: operari sequitur esse, porque nuestro actuar expresa siempre lo que somos. La evangelización no es sólo y no es tanto una cuestión de “saber hacer”, sino sobre todo una cuestión de “ser”, es decir de ser cristianos verdaderos y auténticos.
Dicho sea de paso, los métodos de evangelización, que los movimientos y las nuevas comunidades adoptan, son – aparentemente – muy diversos, verdaderamente multiformes, pero todos tienen su origen en las “tres leyes de la nueva evangelización”, que el entonces cardenal Ratzinger formuló para catequistas y profesores de religión con ocasión del Jubileo del Año 20008. En primer lugar, la “ley de la renuncia”, es decir, el evangelizador no es el dueño del mensaje que anuncia, sino un siervo humilde; no habla a nombre propio sino a nombre quien lo ha enviado. «Evangelizar no es tanto una forma de hablar; es más bien una forma de vivir», quien evangeliza debe tener la clara conciencia de pertenecer a Cristo y a la Iglesia, que transciende el propio yo. La segunda ley es la “ley del grano de mostaza”, es decir el valor de evangelizar con paciencia y perseverancia, sin pretender obtener resultados inmediatos, recordando siempre que la ley de los grandes números no es la ley del Evangelio. Esta es una actitud que podemos reconocer, por ejemplo, en la obra de evangelización realizada por los movimientos y las nuevas comunidades en las zonas más secularizadas de la tierra. La tercera “ley” es la del “grano de trigo” que, para dar la vida, debe morir. Un evangelizador debe aceptar la lógica de la cruz. Según tal criterio debe verse también el regreso de los mártires en nuestra época. Estas leyes, recordadas por el entonces Cardenal Ratzinger encierran el secreto más profundo de la fecundidad de la obra de evangelización no solo de los movimientos eclesiales sino de toda la Iglesia en todos los tiempos.


Prof. José Prado Flores, Fundador y Director Internacional de las Escuelas de Evangelización San Andrés (México)

Si José y María perdieron a Jesús en Jerusalén, algo como esto puede suceder hoy en el caminar de nuestra Iglesia. Hace cinco siglos, dejamos el primer anuncio gozoso y nos refugiamos en los sacramentos, dogmas y catecismos, los cuales no son malos, no, siempre y cuando estén precedidos por el primer anuncio. No antes, y especialmente, no en su lugar. Algunos han perdido la Palabra, y prefieren los esquemas llenos de sabiduría. Me atrevo a decir que hemos perdido a Jesús, pero me pregunto: ¿Realmente consideramos todo como pérdida y basura, ante el "conocimiento de la resurrección de Jesús"? (Flp 3, 7-10) ¿Es evidente en nosotros la alegría de aquellos que han encontrado el tesoro escondido? (Mt 13, 44). ¿Por qué en muchos actos de devoción es tan difícil encontrar a Jesús vivo y resucitado? Si Jesús resucitado no se aparece a todo el pueblo, sino “sólo a los testigos” que han de proclamar el Evangelio (Hech 10, 40-42), ¿podríamos decir que hemos tenido un encuentro personal con Jesús vivo, que nos identifica como testigos? El pueblo de Dios nos repite y reclama: θέλομεν τὸν ̓Ιησον ἰδεν. “Queremos ver a Jesús”. Pablo fracasó en el Areópago porque habló de la resurrección, pero no de Jesús resucitado; mientras Pedro obtuvo una pesca abundante porque Κατενύγησαν τ καρδίᾳ "traspasó los corazones" con la espada del Espíritu. El problema no es que la Iglesia Católica no evangeliza, sino que a veces evangelizan los "no evangelizados". Es decir, algunos evangelizadores aún no han descendido al Jordán para tener una experiencia personal del amor de Dios, ni han entrado en el Cenáculo para recibir su Pentecostés personal. La pedagogía de la fe es como un partido de fútbol, que se juega en dos etapas: el primer tiempo, el Primer Anuncio. El segundo, la catequesis y la teología. Así que el primer tiempo lo juegan los evangelizadores; los catequistas y maestros, el segundo. Como José y María volvieron para encontrar a Jesús en el lugar donde se les había perdido (Lc 2, 45), así también nosotros, vayamos de nuevo a Jerusalén, ¡Donde hay una tumba vacía!


Sr. Manoj Sunny, Director y periodista; Miembro fundador del movimiento “Jesus Youth” (India)

Presentamos cuatro áreas específicas que requieren atención en el contexto de la “Nueva Evangelización”. 1.La centralidad del papel de los laicos: mucho más que cualquier otro sector de la comunidad eclesial, los laicos están en el mundo, comprometidos en los siete sectores citados en el Documento de trabajo (51-57). Comprender la importancia del laicado para alcanzar las áreas cruciales del mundo secular, trabajando junto al clero, es fundamental para la “nueva evangelización”.
2. La importancia de alcanzar a Asia: necesitamos concentrarnos en la evangelización de Asia, frente a su creciente desarrollo económico, al rápido crecimiento de Chindia (China e India) y al elevado número de migraciones hacia diferentes partes del mundo provenientes de Asia. Evangelizar el laicado en Asia es, a su vez, la herramienta más eficaz para la evangelización del mundo. 3. La urgencia de formar a los jóvenes misioneros: considerando que hay tres billones de personas menores de 25 años en el planeta, urge formar a estos jóvenes como misioneros. En el “Jesus, Youth” seguimos estos siete pasos para formar a los jóvenes para la misión: 1. vamos a su encuentro y los invitamos en un grupo que los acoge; 2. Los orientamos hacia el encuentro con el Señor; 3. Los integramos en una comunidad y una cultura de fe; 4. Los ayudamos a descubrir su vocación y sus carismas; 5. Les ofrecemos catequesis para formarlos en la fe católica; 6. Los motivamos y enviamos para la misión; 7. Los ayudamos a participar en la vida del movimiento y su cultura de misión y de compromiso. 4. El surgimiento de nuevos movimientos eclesiales y misioneros laicos: los nuevos movimientos mencionados en el número 115 han dado lugar al fenómeno de los misioneros laicos a tiempo completo, indispensables para la “nueva evangelización”. Muchos laicos son llamados a renunciar a sus trabajos a tiempo completo y a servir como misioneros. Dotados de gran capacidad profesional y mejor acceso a las posibilidades de la vida secular, ellos llevan el Evangelio hacia los lugares más remotos de la tierra donde la iglesia llega con dificultad. La Iglesia necesita reconocer y estimular a cada laico misionero y sostenerlo en su formación, para que la “nueva evangelización” sea verdaderamente eficaz.


Dr. Salvatore Martinez, Presidente para Italia de la Renovación en el Espíritu Santo (Italia)

En el n. 39 del Instrumentum laboris se lee: “Más de una Iglesia particular pide al Sínodo que se verifique si las infecundidades de la evangelización hoy... es un problema sobre todo eclesiológico y espiritual”. El Siervo de Dios Pablo VI, hace cuarenta años más o menos, se expresaba así: “¿Qué necesidad sentimos, primera y última, para esta nuestra bendecida Iglesia? La Iglesia necesita su perenne Pentecostés: necesita fuego en el corazón, la Palabra en los labios, la profecía en la mirada” (Audiencia general, 29 de noviembre de 1972).
Para una nueva evangelización sirven hombres nuevos.
¡Dónde está el Espíritu de Dios, allí hay futuro! Donde su presencia es invocada y sus carismas escuchados y ejercidos, la Iglesia vuelve a florecer, la oración se hace anuncio, la alegría no conoce la fatiga y el servicio al hombre revela la caridad de Dios. El Beato Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI han dado nuevas energías evangelizadoras que muchos fieles laicos están poniendo a disposición de la Iglesia, gracias a las nuevas pedagogías de la fe experimentadas mediante los distintos carismas en los movimientos eclesiales yen las nuevas comunidades. La madre de todas las crisis que sufrimos es espiritual. Urge volver al Espíritu Santo, rezando más que teorizando y haciendo que la fe dogmática esté siempre acompañada por la fe carismática. La nueva evangelización se prepara más con la vida comunitaria y con la confianza en la fraternidad que con programaciones o revisiones.


Visite el sitio web del Vaticano para ver todas las intervenciones.



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